Feb 24 2009

EL CONTEXTO HISTÓRICO DEL NUEVO TESTAMENTO

 

Equipo VPEE: José Soto Villegas
Basado en el libro "Descubre la Biblia"


LA MAYORÍA DE LOS LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO SE ESCRIBIERON DURANTE LA SEGUNDA PARTE DEL SIGLO I D.C., Y EN ELLOS SE REFLEJA EL MEDIO HISTÓRICO Y CULTURAL IMPERANTE EN ESE MOMENTO. EL NUEVO TESTAMENTO SURGE ENTONCES BAJO LA INFLUENCIA DE TRES GRANDES CULTURAS DE LA ÉPOCA: LA JUDÍA, LA GRIEGA Y LA ROMANA.  

 

El Nuevo Testamento y el ambiente judío

Sin conocimiento del factor cultural judío, es imposible comprender el Nuevo Testamento. Esto es cierto porque gran parte de los personajes de la época del Nuevo Testamento son judíos: Jesús, sus discípulos y sus apóstoles, y los primeros creyentes de la iglesia. Jesús habló el arameo, vivió en Galilea y Judea, y murió en Jerusalén.

Hay tres aspectos del ambiente judío que son importantes destacar aquí: el religioso, el social y el literario.

 

Aspecto religioso

Hay una estrecha relación entre la iglesia cristiana y el pueblo judío, sobre todo en lo que a la religión respecta. Las Escrituras de Israel siguieron siendo las Escrituras de la iglesia cristiana. Sería mucho tiempo después cuando se agregaría el Nuevo Testamento. Por eso en el Nuevo Testamento se ven registradas muchas de las costumbres religiosas judías y se menciona a los grupos judíos más influyentes de la época (Mt 22.23-33; Hch 23.6-8; 1 Co 15.12-58).

Por otra parte, la esperanza en la venida del Mesías significaba para los judíos el deseo de ver cumplida la justicia por la mano misma de Dios. Con la muerte y resurrección de Cristo los primeros cristianos entendieron que la salvación prometida y el juicio mismo incluían a todos los seres humanos de todas las épocas (Jn 3.14-18; 12.32; 1 Ti 1.15; 2.4).

 

Aspecto social

También se debe tener en cuenta la situación social. En la sociedad israelita de la época de Jesús había tres clases sociales: una alta, una media y otra pobre. La clase alta se componía de las familias de los jefes políticos y religiosos, de los comerciantes solventes y terratenientes, y de los recaudadores de impuestos (publicanos). La clase media contaba con los medianos y pequeños comerciantes, los artesanos, los sacerdotes y los maestros de la ley. Por último, la clase pobre, la más numerosa, estaba formada por jornaleros que vivían al día (Mt 20.1-16), y por muchos otros que vivían al margen de la sociedad, como los mendigos, los leprosos y los paralíticos (Mc 10.46).

Según las leyes, el lugar más bajo en la escala social lo ocupaban los esclavos, aunque su situación real dependía de la posición y carácter de sus amos.
Se dice que la población de Palestina en la época de Jesús pudo haber sido de aproximadamente un millón de personas.

Los judíos no formaban un grupo religioso y político unido. En el Nuevo Testamento se mencionan a los fariseos (un grupo más que todo religioso), saduceos (asociados a los sacerdotes y el Sanedrín o tribunal judicial israelí), herodianos (partidarios de Herodes; Mt 22.16) y los maestros de la ley (escribas, letrados o rabinos)

 

Aspecto literario

La literatura cristiana, ante todo el Nuevo Testamento, se inspira en el Antiguo Testamento y en el judaísmo contemporáneo. Los primeros escritos cristianos se hicieron en griego pero corresponden al espíritu hebreo.

El cristianismo primitivo se originó a partir del pueblo judío (Hch 2.46), y poco a poco fue distinguiéndose de éste, hasta separarse del todo. Este nuevo acontecimiento se transmitió con formas literarias nuevas, como los evangelios, y con la transformación de formas tradicionales, como las cartas.

 

 

El Nuevo Testamento y el ambiente griego

En Jerusalén hubo un grupo de judíos cristianos que hablaban griego (Hch 6.1). Eso hizo posible la difusión del evangelio en las comunidades de la diáspora y entre los paganos (Hch 11.19-20). El judío más notable entre la diáspora es, sin duda, Pablo de Tarso. Sus viajes misioneros abarcaron la mayoría del mundo conocido hasta entonces y sus cartas constituyen una parte muy importante del Nuevo Testamento.

Por todas estas razones no es extraño que el Nuevo Testamento se hubiera escrito en griego, aunque algunos manuscritos y tradiciones anteriores puedan sugerir que al inicio se escribieron en hebreo y arameo.

 

El Nuevo Testamento y el ambiente romano

A partir del 63 a.C. Palestina quedó sometida al poderío militar y político de Roma. Fue durante el reinado de Herodes el Grande, quien gobernó Palestina del 37 al 4 a.C. que nació Jesús (Mt 2.1-20; Lc 1.5). Cuando Herodes murió, el reino se dividió entre sus tres hijos: Arquelao gobernó Judea y Samaria hasta el año 6 d.C., Herodes Antipas en Galilea y Perea, hasta el 39 d.C., y Filipo en el nordeste del Jordán, hasta el 34 d.C. (Mt 2.22; Lc 3.1). Hacia el año 6 d.C., el emperador romano Augusto quitó del reino a Arquelao, y Judea y Samaria pasaron a ser propiedades del Imperio Romano. Los nuevos cambios administrativos incluyeron nuevas autoridades romanas (los prefectos y los procuradores). El más conocido de todos en la historia cristiana es Poncio Pilato, prefecto de Judea (26-36 d.C.) que condenó a muerte a Jesús (Mt 27.1-26).

El creciente descontento del pueblo judío hacia los romanos llegó a su punto máximo en el año 66 d.C. En ese año, los «celotes» organizaron una rebelión contra Roma. La lucha duró cuatro años hasta que los ejércitos romanos conquistaron Jerusalén y destruyeron el templo en septiembre del año 70 d.C. (Mt 24.2; Lc 21.20). Con la caída de Jerusalén también desaparecieron las autoridades del Sanedrín, o Junta Suprema de los judíos. Las enseñanzas religiosas, tradicionales y culturales se reorganizaron alrededor de los rabinos y sus escuelas.

Fuera de Palestina, la iglesia cristiana supo aprovechar bien los beneficios que ofrecía el Imperio Romano. La unidad política y cultural facilitó la rápida propagación del evangelio por el mundo pagano (Ro 15.19, 28; 1 P 1.1). Pero cuando la fidelidad a Cristo entró en conflicto con los intereses de Roma, los primeros cristianos empezaron a ser martirizados y perseguidos. Esta tensa situación en que vivieron los cristianos de los siglos I y II se refleja en 1 P 4.12-16 y en el libro de Apocalipsis, donde Roma aparece como el enemigo número uno del cristianismo.




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